Venus en Libra, o cómo ser objetivo sin castrar las pasiones

04 julio 2009

Dos riesgos se presentan en este viaje: una creciente adicción al estímulo del otro o una vida sin estímulos consagrada a suplir sólo y nada más que las necesidades básicas de un organismo que respira y cumple el tiempo de su existencia.

Con Venus en Libra se emprende un viaje hacia la destrucción de la dualidad que paraliza. Para ello irá en búsqueda de esa fuerza que se expresa a través de lo otro y que se opone a la suya propia de manera tal que eclipsa la consciencia de sí mismo como un individuo, como una unidad. A dicha fuerza intentará destruir, o “interiorizar”. Habrá necesariamente contienda, lucha y guerra psicológica.

En el artículo de Luna en Libra dijimos: “Ligado a Libra encontramos el concepto de Lo Otro, y su descripción se desprende fácilmente: presencia dada por la ausencia… Como los supuestos siempre están ausentes en la mayoría de los discursos, sutilmente los traerá a colación, provocando una inevitable colisión discursiva que acabará debilitando la pasión de su interlocutor. Si Aries se centra en la fuerza, Libra en la resistencia a dicha fuerza. Si la fuerza cambia de rumbo, entonces la resistencia cambiará también de estrategia, dependiendo así de la misma fuerza ante la cual reacciona resistiéndose. Es diferencia dentro del mismo contexto, de ahí que no sea diferencia en realidad, sino oposición. Es lo diferente por lo diferente, no en un intento de ser singular, sino simplemente diferente a lo que se presenta pero sin salir del marco de lo que se presenta. Es decir, libra no acuerda porque acordar es marcar el fin de un movimiento de oposición.” En el caso de la luna sabemos cómo se desarrolla esto: en el compromiso (luna) con la oposición (libra). En Venus otro es el camino: La búsqueda de la oposición dentro de sí mismo. Identidad opositora, el arquetipo opositor, quien se revelará al sistema, quien encarna en sí mismo resistencia y marginalidad en relación a lo establecido.

En la lectura de venus, el punto opuesto (que llamamos punto especular) cobra especial importancia. Es en el punto especular donde comienza el viaje de venus y donde encontraremos los desafíos del mismo. En él hallamos una descripción exacta de la atracción positiva, empática y a veces fatal hacia el otro, lo otro deseado, o el amante. Es decir, describe más y mejor lo que nos atrae o nuestra elección primaria de pareja.

Empecemos entonces por describir a Aries en relación a Venus en Libra. Sabemos que Aries brinda un quantum pasional a todas sus expresiones, existe una unilateralidad fundamental en Aries que atrapa a Venus en Libra, puesto que desde su interior se agita una alarma que dice: “he ahí el enemigo, he ahí mi conquista (he ahí alguien difícil para demostrarle que está equivocado)”. Pero de ésto todavía la consciencia (solar) no se enteró, pues llega a ella camuflado como: “me moviliza, me activa, es divertido, guauuu estoy cambiando, empiezo a hacer y pensar cosas inusitadas en mí!!!” Este es el primer capítulo.

Lentamente Venus en Libra se hace oír en la consciencia, le recuerda a la misma su preciada misión, y vuelve la resistencia a fijarse ahora en la fuerza que lo provoca (Aries). Comienza aquí la guerra. La castración-anulación de la fuerza personificada en el otro (ser amado, pareja, etc…) por parte del nativo. Su acción es sutil, devastadora, llena de pequeños comentarios que minan la seguridad del otro y afirman la victoria del fin de la oposición. El círculo vicioso se activa, la fuerza penetradora (Aries) contra la fuerza resistente (Libra), en un juego de tires y aflojes que pueden llegar a la violencia física. Este es el capítulo dos.

La influencia de lo ariano en Venus en Libra, lógicamente casi siempre mediatizada por un objeto de deseo (o pareja) le provocará a la persona la sensación de que cuanto más se intensifica la unión con el otro más empieza a manifestarse un éstasis difícil de explicar, sobre uno de los dos nativos. Generalmente es Venus en Libra, hasta que llega el punto que huye despavorido el otro dejando bien en claro que fue la falta de estímulo aquello que lo alejó. Curiosamente sucede que el nativo ante semejante frustración no reacciona de una forma esperada. En general se recompone rápidamente volviéndose más activo en su lucha por la vida, más emprendedor, como quién ha salido victorioso de una batalla y se prepara para la siguiente. Venus en Libra ha anulado, ha castrado una fuerza, se siente ahora más fuerte e irá por más. Como Picasso, un caso ejemplo de este emplazamiento de Venus, que luego de devastar a una mujer inyectaba gran renovación creativa a su obra mientras iba en búsqueda de otra presa. (Podría poner muchísimos ejemplos de esta mecánica, pero se volvería un post demasiado extenso para los fines de este blog.) Este sería el capítulo tres.

El movimiento descrito hasta acá, es del tipo guerrero (masculino) de Venus en Libra, que generalmente se ve más en los hombres que en las mujeres con dicho emplazamiento.

Describamos el movimiento estratégico (femenino) de Venus en Libra, más característico en las señoritas.

El movimiento femenino no es de conquista sino de atracción. La mujer comienza su recorrido polarizada en Aries. La mayoría con este emplazamiento se presentan muy activas, independientes a muchos niveles, comprometidas en la vida, trabajadoras. Si tienen un problema es que no encuentran un hombre adecuado que se adapte a su personalidad tan autónoma y estilo de vida independiente. Optan más por la interiorización de la fuerza que por su anulación, aunque sea más bien una polarización que parece, pero no es, una real interiorización de la fuerza. Anulan la fuerza encarnándola ellas mismas. En este punto directamente “absorben” a lo otro en su movimiento, el cual es como un niño que les sigue detrás en sus pasos; de no gustarles ese rol optarán por la soledad, independencia y algún que otro amante donde las cosas estén claras, y cuyo vinculo sea puramente sexual. La fuerza queda anulada y la resistencia es por encarnación total de la fuerza.

Ahora bien, hay hombres que tienen un claro movimiento femenino de venus en libra, y mujeres que tienen un movimiento masculino. Cuando esto se da a la inversa vemos en los hombres rasgos nerviosos y violentos en su constitución, una curiosa personalidad caprichosa autocentrada que demuestra varias veces al otro que su función es acompañarlo, y si no le gusta que se aleje entonces (nótese la indiferencia al alejamiento del otro que aparece aquí y más arriba); en las mujeres, una sensación de debilidad y derrota que termina en la “baja autoestima crónica” y sus tremendos efectos en la vida. Esto es porque en los hombres tal inversión potencia su agresividad natural, y en la mujer su vulnerabilidad natural.

Ahora, sin importar el sexo del nativo, la experiencia y los años le terminarán diciendo que no hay forma de salir de este patrón. La búsqueda deja de hacerse a través del otro (la pareja), algunos porque habrán convertido la pareja en un matrimonio (Venus se convierte en Luna), otros porque terminan dándose cuenta que la pareja no es para ellos. En ese caso se desplazará la dinámica Venus en Libra en otras áreas donde ocurrirá lo mismo, aunque ello garantice por lo menos que no suceda en el área de los sentimientos. En otras palabras, la persona intentará construir un modus vivendi que demostrará autonomía absoluta, y rechazo a todas las normas sociales que constriñen al hombre (Aleister Crowley, Michael Foucault). Pero como no podemos librarnos nunca del objeto o el punto especular de Venus, tomará entonces la forma del norte, o vocación, de la persona. El norte es ahora lo que antes era la pareja en nuestro recorrido. Por lo tanto es allí donde la fuerza a combatir se posicionará: esto puede ir desde combatir contra la injusticia para con los empleados de la empresa donde trabajo hasta contra la fuerza de toda una sociedad que acuerda inconscientemente un error que habrá que desarticular (otra vez Foucault y Crowley).

Sea como sea, el nativo no dejará de sentir que debe conquistar la fuerza, y si es fiel a esa sensación será capaz de sortear el riesgo a enquistarse. Y allí Ishtar decide bajar a los infiernos, a enfrentar sus miedos más profundos y arraigados al vacío que implica la real conquista de Lo Otro, de lo ausente. Luego de este viaje emprendido con Voluntad, acaba La Batalla, porque entiende cuál es la razón de la misma:

Mantener a la creación en movimiento, en una danza de energías que juegan constantes a definirse en formas, voluntades, acciones, identidades, personas. Que la finalidad de la dualidad es la comprensión, el juego, el movimiento de la razón misma del hombre. Esto, en una psicología joven implica el dolor de entender y ver a la realidad como una ilusión, de saber que no hay nada verdadero detrás del juego de las apariencias, las explicaciones y lo estéticamente definido, que todo en la vida es un “para sí” y que no existen los “en sí”. Semejante demanda interna puede ser seria. Pero en una persona que ha develado el mecanismo con todo su ser implica el desafío de liberarse del movimiento de las formas, salirse del juego, para poder por fin dejar de ser las fichas para ser quién observa y, tal vez, dirige los movimientos en el tablero.

-© 2009- rafael barrio.

Etiquetas:
Agregar a Meneame Agregar a Technorati Agregar a Del.icio.us Agregar a DiggIt! Agregar a Google Agregar a Reddit Agregar a Blinklist Agregar a Blogmarks

Venus en Aries, o el aprendizaje del vacío

23 junio 2009

Con Venus en Aries se emprende el viaje hacia la búsqueda de un contacto tan esencial que corre el riesgo de ser sentido como vacío en una psicología acostumbrada a las formas, necesitada de formas.

En el artículo de Luna en Aries dijimos: “Fíjense la inexorable unión entre ley y deseo. La tendencia a convertir en ley cualquier acción.” Aquí es necesario legitimar el deseo y la acción por alguna ley que venga de afuera. En el caso de Venus en Aries nos encontramos con la necesidad de legitimar la acción y el deseo por una ley que se deberá encontrar dentro. Esta es la diferencia entre la luna y venus. El primero claramente masculino y el segundo femenino, verán que el movimiento de venus se puede pensar como el movimiento introvertido de la luna. Y nunca nos olvidemos, nosotros astrólogos, que en la antigua sumeria, cuna de nuestra civilización, la luna era un dios masculino.

En la lectura de venus, el punto opuesto (que llamaremos punto especular) cobra especial importancia. Es en el punto especular donde comienza el viaje de venus y donde encontraremos los desafíos del mismo. En él hallamos una descripción exacta de la atracción positiva, empática y a veces fatal hacia el otro, lo otro deseado, o el amante. Es decir, describe más y mejor lo que nos atrae o nuestra elección primaria de pareja.

Empecemos entonces por describir Libra en relación a Venus en Aries. Sabemos que libra nunca da una respuesta comprometida o contundente, situación que estremece a Aries y lo empecina más en conseguir que Libra tome partido y lo acompañe en su recorrido. Pero, más se empecina Aries, más se enfría Libra. Lo mismo puede ocurrir a la inversa: Aries apenas pierde el interés viene Libra a provocarlo. El “gataflorismo libriano” lo padece más que nadie Venus en Aries. El círculo vicioso descrito aquí se podría romper fácilmente de no ser porque Libra también representa “ello que atrae”, sugiriendo que lo delicado y difuso, esa personalidad que nos marca cierta oposición y se resiste a ser conocida, incluso (en un Libra más oscuro) que en algún punto nos disminuye, bloquea, nos hace sentir vulnerables e ingenuos, simples y elementales, tal vez hasta ignorantes debido al contraste de la propia sencillez con la sofisticación que siempre posee “aquél” que nos atrae.

Esta influencia de lo libriano en Venus en Aries, lógicamente casi siempre mediatizada por un objeto de deseo (o pareja), le provocará a la persona la sensación de que cuanto más se intensifica la unión con el otro más empieza a manifestarse una cualidad limitante en la vida, o vacío. Es importante aquí el concepto y la sensación emocional de vacío, que podemos definir como una fuerte falta que reclama una completud que detecta pero se le escapa a medida que se esfuerza por alcanzar. El amor no correspondido, por supuesto, es un buen ejemplo. O el amor que cumple pero no alcanza. O los celos (entendidos como vacío) que emergen para estropear la unión. Parece como si siempre hubiesen obstáculos para la unión completa.

Obviamente, la experiencia y los años le terminarán diciendo al nativo que a mayor desinterés mejor será el éxito en sus relaciones sentimentales, pero eso no quiere decir que el interés desaparezca sino simplemente se desplaza a otras áreas donde ocurrirá lo mismo, aunque ello garantice por lo menos que no suceda en el área de los sentimientos. En otras palabras, la persona intentará construir un modus vivendi que muestre unidad de pensamiento y acción. Pero como no podemos librarnos nunca del objeto, entonces el punto especular de venus tomará entonces la forma de “el lugar hacia donde nos dirigimos con nuestro pensamiento y acción, es decir: el norte”. El norte es ahora lo que antes era la pareja en nuestro recorrido. Por lo tanto es allí donde el vacío se posicionará, apareciendo cuestiones de dirección profunda difíciles de resolver: “¿es realmente esto es lo que quiero? Mmm, no me termina de llenar esta carrera, mi trabajo es un tanto mecánico.”

Mientras la búsqueda se concentra en los objetos encontraremos una y otra vez el mismo problema: el rechazo, que se da a la larga o a la corta por parte de lo otro, sea pareja, carrera o profesión. Pueden deducirse las consecuencias propias de sentirse rechazado cada vez que uno pone la energía en algo, o la respuesta vacía de lo otro, o en casos de fuerte indagación lo que pasó por ejemplo en Freud y Lacan (ambos con Venus en Aries): el primero disconforme con su enorme construcción teórica, para después el segundo tomarle la posta y terminar habitando en una visión muy elevada del vacío como filosofía: el zen. Yo creo que Lacan terminó el viaje de Venus en Aries que Freud inició. Pero, no nos adelantemos en el recorrido.

Hay casos donde el vacío o rechazo se da a medias, cuando no es completo pero sucede en un área importante como por ejemplo: una mujer profundamente enamorada de su marido impotente, un hombre escéptico cuya compañera de vida es evangelista.

Llega un punto donde la integridad de Venus en Aries se sobrepone a la misma respuesta de Lo Otro. Y encuentra en la polarización el próximo paso en su recorrido. Es decir, el punto donde Venus en Aries se convierte en Venus en Libra. Cómo una mujer despechada, Venus emula lo que percibió de Libra: el rechazo, y lo lleva a cabo de una forma histérica pero eficaz. Gatillando el deseo en los demás para luego desaparecer bruscamente de la escena silbando bajito y gratificándose en su despecho -mal curado pero aliviado al fin. Con el tiempo la persona aprende que siempre hay un punto de vacío en el encuentro con el otro, por lo tanto genera ella misma el vacío, puesto que es menos doloroso que lo haga el otro. Esta dinámica muchas veces se lee tontamente como “miedo a enamorarse, o a rendirse al encuentro amoroso”, pero es mucho más profundo que eso, sin decir que no tiene nada que ver con esa lectura. El “punto de vacío” achica el mundo, porque limita la unión con lo otro, sea una idea, sea un amante o una meta, la realidad se hace más áspera y monótona. Pero así y todo el individuo se siente con mayor autonomía y libertad. No choca con el vacío sino que él se posicionará allí mediante una actitud desapegada. En este punto se incrementa la actividad y se multiplican los quehaceres, nada atrapará por mucho tiempo su atención, puesto que interiormente “sabe” que ello sería invertir el proceso y volver a estados antiguos que han quedado gravados como demasiado dolorosos. Puesto que ahora nada atrapa, no existe el compromiso que permite necesariamente profundizar. Y en ese punto la persona se vuelve en la peor versión de su objeto primario de deseo: “el superficial” -que lo es por temor a quedar atrapado. En este punto puede permanecer una vida, porque resuelve psicológicamente pero a la vez detiene el movimiento de Venus, lo enquista.

Así y todo no dejará de sentir cierta profunda limitación o vacío, y si es intenta enfrentarse a esa sensación será capaz de sortear el riesgo de enquistarse. Y allí Ishtar decide bajar a los infiernos, a enfrentar sus miedos más profundos y arraigados. Luego de este viaje emprendido con voluntad, acaba el vacío porque entiende cuál es la razón del mismo:

El vacío no busca aniquilar los instintos y la voluntad, sino desechar lo superficial, para que pueda darse la unión con lo esencial. Su finalidad es que la persona se ubique en un punto donde nada la acompaña, o difícilmente la entienda, desarrollando fidelidad hacía una ley que deberá encontrar dentro de sí y no fuera. Semejante demanda en una persona no formada internamente puede ser seria, y por cierto limitante, generando que otras funciones planetarias pasen hambre salvo la luna, que nunca pasa hambre. Pero en una persona formada implica el desafío de des-formarse para volverse a re-formar. Como explica perfectamente el mito de Ishtar, la cual es destrozada y asesinada primero para luego volver a la vida con “sus partes” reacomodadas.

Todo esto nos deja una profunda reflexión: el dolor del amor tiene una razón de ser, viene a decirnos algo, a conducirnos hacia la construcción de una integridad muy poderosa dentro nuestro. El final del viaje de Venus es siempre el mismo, no importa el signo donde se halle emplazado. Lo que varía, y nos lo cuentan los diferentes emplazamientos de Venus, es el recorrido.

-© 2009- rafael barrio.

Etiquetas:
Agregar a Meneame Agregar a Technorati Agregar a Del.icio.us Agregar a DiggIt! Agregar a Google Agregar a Reddit Agregar a Blinklist Agregar a Blogmarks