Venus en Aries, o el aprendizaje del vacío

23 junio 2009

Con Venus en Aries se emprende el viaje hacia la búsqueda de un contacto tan esencial que corre el riesgo de ser sentido como vacío en una psicología acostumbrada a las formas, necesitada de formas.

En el artículo de Luna en Aries dijimos: “Fíjense la inexorable unión entre ley y deseo. La tendencia a convertir en ley cualquier acción.” Aquí es necesario legitimar el deseo y la acción por alguna ley que venga de afuera. En el caso de Venus en Aries nos encontramos con la necesidad de legitimar la acción y el deseo por una ley que se deberá encontrar dentro. Esta es la diferencia entre la luna y venus. El primero claramente masculino y el segundo femenino, verán que el movimiento de venus se puede pensar como el movimiento introvertido de la luna. Y nunca nos olvidemos, nosotros astrólogos, que en la antigua sumeria, cuna de nuestra civilización, la luna era un dios masculino.

En la lectura de venus, el punto opuesto (que llamaremos punto especular) cobra especial importancia. Es en el punto especular donde comienza el viaje de venus y donde encontraremos los desafíos del mismo. En él hallamos una descripción exacta de la atracción positiva, empática y a veces fatal hacia el otro, lo otro deseado, o el amante. Es decir, describe más y mejor lo que nos atrae o nuestra elección primaria de pareja.

Empecemos entonces por describir Libra en relación a Venus en Aries. Sabemos que libra nunca da una respuesta comprometida o contundente, situación que estremece a Aries y lo empecina más en conseguir que Libra tome partido y lo acompañe en su recorrido. Pero, más se empecina Aries, más se enfría Libra. Lo mismo puede ocurrir a la inversa: Aries apenas pierde el interés viene Libra a provocarlo. El “gataflorismo libriano” lo padece más que nadie Venus en Aries. El círculo vicioso descrito aquí se podría romper fácilmente de no ser porque Libra también representa “ello que atrae”, sugiriendo que lo delicado y difuso, esa personalidad que nos marca cierta oposición y se resiste a ser conocida, incluso (en un Libra más oscuro) que en algún punto nos disminuye, bloquea, nos hace sentir vulnerables e ingenuos, simples y elementales, tal vez hasta ignorantes debido al contraste de la propia sencillez con la sofisticación que siempre posee “aquél” que nos atrae.

Esta influencia de lo libriano en Venus en Aries, lógicamente casi siempre mediatizada por un objeto de deseo (o pareja), le provocará a la persona la sensación de que cuanto más se intensifica la unión con el otro más empieza a manifestarse una cualidad limitante en la vida, o vacío. Es importante aquí el concepto y la sensación emocional de vacío, que podemos definir como una fuerte falta que reclama una completud que detecta pero se le escapa a medida que se esfuerza por alcanzar. El amor no correspondido, por supuesto, es un buen ejemplo. O el amor que cumple pero no alcanza. O los celos (entendidos como vacío) que emergen para estropear la unión. Parece como si siempre hubiesen obstáculos para la unión completa.

Obviamente, la experiencia y los años le terminarán diciendo al nativo que a mayor desinterés mejor será el éxito en sus relaciones sentimentales, pero eso no quiere decir que el interés desaparezca sino simplemente se desplaza a otras áreas donde ocurrirá lo mismo, aunque ello garantice por lo menos que no suceda en el área de los sentimientos. En otras palabras, la persona intentará construir un modus vivendi que muestre unidad de pensamiento y acción. Pero como no podemos librarnos nunca del objeto, entonces el punto especular de venus tomará entonces la forma de “el lugar hacia donde nos dirigimos con nuestro pensamiento y acción, es decir: el norte”. El norte es ahora lo que antes era la pareja en nuestro recorrido. Por lo tanto es allí donde el vacío se posicionará, apareciendo cuestiones de dirección profunda difíciles de resolver: “¿es realmente esto es lo que quiero? Mmm, no me termina de llenar esta carrera, mi trabajo es un tanto mecánico.”

Mientras la búsqueda se concentra en los objetos encontraremos una y otra vez el mismo problema: el rechazo, que se da a la larga o a la corta por parte de lo otro, sea pareja, carrera o profesión. Pueden deducirse las consecuencias propias de sentirse rechazado cada vez que uno pone la energía en algo, o la respuesta vacía de lo otro, o en casos de fuerte indagación lo que pasó por ejemplo en Freud y Lacan (ambos con Venus en Aries): el primero disconforme con su enorme construcción teórica, para después el segundo tomarle la posta y terminar habitando en una visión muy elevada del vacío como filosofía: el zen. Yo creo que Lacan terminó el viaje de Venus en Aries que Freud inició. Pero, no nos adelantemos en el recorrido.

Hay casos donde el vacío o rechazo se da a medias, cuando no es completo pero sucede en un área importante como por ejemplo: una mujer profundamente enamorada de su marido impotente, un hombre escéptico cuya compañera de vida es evangelista.

Llega un punto donde la integridad de Venus en Aries se sobrepone a la misma respuesta de Lo Otro. Y encuentra en la polarización el próximo paso en su recorrido. Es decir, el punto donde Venus en Aries se convierte en Venus en Libra. Cómo una mujer despechada, Venus emula lo que percibió de Libra: el rechazo, y lo lleva a cabo de una forma histérica pero eficaz. Gatillando el deseo en los demás para luego desaparecer bruscamente de la escena silbando bajito y gratificándose en su despecho -mal curado pero aliviado al fin. Con el tiempo la persona aprende que siempre hay un punto de vacío en el encuentro con el otro, por lo tanto genera ella misma el vacío, puesto que es menos doloroso que lo haga el otro. Esta dinámica muchas veces se lee tontamente como “miedo a enamorarse, o a rendirse al encuentro amoroso”, pero es mucho más profundo que eso, sin decir que no tiene nada que ver con esa lectura. El “punto de vacío” achica el mundo, porque limita la unión con lo otro, sea una idea, sea un amante o una meta, la realidad se hace más áspera y monótona. Pero así y todo el individuo se siente con mayor autonomía y libertad. No choca con el vacío sino que él se posicionará allí mediante una actitud desapegada. En este punto se incrementa la actividad y se multiplican los quehaceres, nada atrapará por mucho tiempo su atención, puesto que interiormente “sabe” que ello sería invertir el proceso y volver a estados antiguos que han quedado gravados como demasiado dolorosos. Puesto que ahora nada atrapa, no existe el compromiso que permite necesariamente profundizar. Y en ese punto la persona se vuelve en la peor versión de su objeto primario de deseo: “el superficial” -que lo es por temor a quedar atrapado. En este punto puede permanecer una vida, porque resuelve psicológicamente pero a la vez detiene el movimiento de Venus, lo enquista.

Así y todo no dejará de sentir cierta profunda limitación o vacío, y si es intenta enfrentarse a esa sensación será capaz de sortear el riesgo de enquistarse. Y allí Ishtar decide bajar a los infiernos, a enfrentar sus miedos más profundos y arraigados. Luego de este viaje emprendido con voluntad, acaba el vacío porque entiende cuál es la razón del mismo:

El vacío no busca aniquilar los instintos y la voluntad, sino desechar lo superficial, para que pueda darse la unión con lo esencial. Su finalidad es que la persona se ubique en un punto donde nada la acompaña, o difícilmente la entienda, desarrollando fidelidad hacía una ley que deberá encontrar dentro de sí y no fuera. Semejante demanda en una persona no formada internamente puede ser seria, y por cierto limitante, generando que otras funciones planetarias pasen hambre salvo la luna, que nunca pasa hambre. Pero en una persona formada implica el desafío de des-formarse para volverse a re-formar. Como explica perfectamente el mito de Ishtar, la cual es destrozada y asesinada primero para luego volver a la vida con “sus partes” reacomodadas.

Todo esto nos deja una profunda reflexión: el dolor del amor tiene una razón de ser, viene a decirnos algo, a conducirnos hacia la construcción de una integridad muy poderosa dentro nuestro. El final del viaje de Venus es siempre el mismo, no importa el signo donde se halle emplazado. Lo que varía, y nos lo cuentan los diferentes emplazamientos de Venus, es el recorrido.

-© 2009- rafael barrio.

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2 comentarios:

M.Laura Gancedo dijo...

Felicitaciones!!!
Impresionante!!

Kar dijo...

ja!, Cuando parece que no hay nada nuevo, sale de la galera el gran desafio!.
Muy bueno!.
Felicitaciones