El Inmemorioso - Capítulo 18

27 septiembre 2008

Capítulo XVIII.

Trillada, gastada y humillante para el espíritu, formalidad. Preferida de aquellos que llenos de linaje les quedó vacío el pensamiento. Pletóricos en sus leyes de conducta, las entienden bien porque así han sido heredadas, completas, repletas, constantes. Corran!! así la culpa no les alcance; corran!! así sientan el movimiento del hacer, así sientan vivir.

Autoritarios de corralitos, autarquía devoradora de sí misma. Ejecuten!!! pero no inventen. Creatividad dispuesta sólo a delinear viejas leyes a su favor, expertos en derecho, abogados, viejos, gastados, sibaritas sin órgano alguno para degustar nada. Una vida ceñida al cumplimiento de esquemas caducos, vacíos, mohosos. Ahí su energía mental, ahí sus existencias.

Hombres de viejas raíces mezcladas, ingleses de té y masas secas, norteamericanos adornando el cuerpo de tantos logos; alemanes fríos, distantes, enormes, inalcanzables; franceses con contenidos solamente supuestos detrás de tantos firuletes y el adornos. Argentinos, coquetean prestos debajo el farol cuando unos mangos habitan los bolsillos. Hombres amorales y con remanentes de todas las culturas, de todas las morales y ninguna. Globalización y barbarie, hijos de todos los lugares y de ninguno.

Eclécticos sin remaches, tendidos sobre el lecho y bajo una cruz bien grande que les ayude a olvidar el burdel donde esa prostituta se les vestía delante mientras abrazan ahora a su mujer.

Saben historia, pues que otra cosa pueden ellos saber. Gustan de repetir viejos relatos, un suspiro de placer se les escapa cuando leen vidas de antiguos próceres. Imitan sus conductas, aman tener hijos con una o muchas mujeres, cargan sobre sus espaldas su responsabilidad sobre muchos, aman el poder y el dominio, promulgan su estirpe y son racistas incurables. Ellos son personas de primera distinción, constituidas en alta dignidad, con militancia levantan el índice a la altura de la cara de su inferior y bajan la cabeza cuando un superior apenas los saludan. Lobos en la abundancia, ovejas en la necesidad. ¡Ay de sus hijos! ¡Ay de ellos hoy día! ¡Ay, cuando su lugar en una gran mesa es precisamente la cabecera!

Doy gracias a mi frágil memoria, que prohíbe la gestación del odio mientras veo estás imágenes.

-© 2008- rafael barrio.

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