El Inmemorioso - Introducción
21 agosto 2008Voy a darle al blog un respiro de astrología con un escrito mío. Son 32 capítulos, una introducción y un final que analiza los personajes con una mirada psicológica. Es realmente una pequeña obra personal, surgida como expresión del trabajo de entender un poco mejor sensaciones adolescentes que vivía yo alrededor del año 2000, para convertirse después en la historia de Eugenio Díaz, su personaje. Su historia, cuando vuelvo a ella siempre me deja pensando, y eso es bueno. Y como me gusta compartir meditaciones propias o ajenas, con El Inmemorioso comparto entonces la meditación ajena de un tal Eugenio. Cada dos días publicaré un capítulo, espero les guste.
El Inmemorioso - Introducción.
Hola. Sí. Me presento para el curioso con quien me encuentro en la introducción, con quien aspira a tener una noción anticipada sobre lo que nos convoca. No tenga usted dudas de mi estilo. No es necesaria aquí distancia alguna, como la utilizada por los médicos de la psiquis hacia su objeto y la enfermedad, también hacia su paciente; y, por sobre todo, hacia ellos mismos. La objetividad del médico es harto contradictoria, a mi me suena más al juego de conjugar leyes sobre objetos que su presunta visión clara sobre la “realidad” de las enfermedades.
Es así que no pretendo ser objetivo, tampoco subjetivo, y menos aún médico, aquellas son perspectivas pobres. El objetivo se inventa un ojo fuera de sí, mientras que el subjetivo intenta hacer de sí un ojo(1) . Los dos terminan siendo siempre extremistas de la misma cosa.
Bueno, en fin, la idea es contar, narrar la manera en que habita un enfermo su enfermedad, cómo vive su enfermedad, es decir, el contar de mi mismo, o mejor, tan sólo describirme.
Nada de esto habría surgido de no ser por mi más fiel amigo Rafael Barrio, hombre morocho, barba, algo distraído, estatura media, vestimenta incompatible y aires despreocupados. El bar era en Urquiza, él sentado, prendiendo un cigarrillo; yo, manos en los bolsillos, frente suyo, observando una señorita a mi izquierda.
Fue ahí donde comenzó este libro (lamento que por razones de tiempo, espacio y realidad hayan de perderse los lectores el comienzo real del libro para conformarse con cierta ilustre introducción escrita). Él me miró fijo y me dijo: ¡estás enfermo Eugenio! (sí mi nombre es Eugenio, Eugenio Diaz). Obviamente que a semejante generalidad no hice más que responderle con otra mayor, recordando la neurosis de Freud, –Todos lo estamos Rafael. –Sí, continuó, pero tu enfermedad dota de algo especial, una posibilidad que traen consigo pocas enfermedades o casi ninguna, digo: tú mismo eres la posibilidad y tu sencilla herramienta el contarla. Te preguntarás ¿qué tiene esto de especial? Mucho y no te imaginas cuanto. Mira, tu dolencia se encuentra siempre en estado de sensación, de efecto, de síntoma. Nada puedes decir sobre ella, porque ella, y lo has comprobado con millares de médicos, no existe, nadie la conoce. Lo que te pido Eugenio, es que la inventes. No hay nada real en la vida que no sea por el hecho de que ha sido bien descripto. Descríbela bien, conviértela en descripción y te aseguro que tu enfermedad se hará real. Cuando lo hayas hecho lo suficientemente bien, luego de que la publiques, hablaremos sobre la realidad o lo real.
Sí ya sé, Rafael está loco. De lo contrario no podría haber sido nunca amigo mío. Nunca entendí qué hallaba él en mi persona, pues la mayoría de la gente no encontraba nada útil para ellos mismos, y cuando no se encuentra nada útil para uno en otro el segundo no existe, y como éste no existe no sabemos qué significa encontrar algo inútil en otro y mucho menos el sentido o utilidad de la inutilidad en el otro para sí mismo. Rafael parecía saltearse esta regla, o tal vez mi inutilidad representaba para él una utilidad. Era el único hombre capaz de pasar horas conmigo, y yo con él. Somos muy buenos amigos.
Siendo mi peor síntoma la perdida sorpresiva de la memoria, no queda otra que acostumbrarme a improvisar y a no planificar nada para mi futuro lejano o cercano. Se imaginan como ha de configurarse una vida con semejante carga; fácilmente desaparece toda preocupación por gobernar y dominar situaciones, pasan ellas a gobernarlo a uno. No podía arreglar nada con nadie, cuando quería ver a Rafael sólo restaba esperar que llegue de improvisto, como todo. Si lo llamaba por teléfono, al rato olvidaba sobre qué se había charlado, luego hasta la llamada desaparecía por completo de mi memoria.
Así como al ciego se le agudiza el oído, en mi se agudizaron las sensaciones y ellas son mi escala de valores, mi regla, y también mi sufrir en el amor.... pero de esto ya hablaremos más adelante. Los capítulos siguientes son la expresión escrita del sentido de la sensación.
El lector atento ya se habrá dado cuenta que la introducción a nuestro tema se reduce al último párrafo de mi pre-primer capítulo, lo anterior es la introducción a mi persona y la de Rafael.
1. Nótese la etimología de ambas palabras. Objeto. Objectum: Contrapuesto a... Sujeto. Subjectum: Puesto debajo, algo así como hipostasiado.
-© 2008- rafael barrio.